
|
El signo, la imagen y la verdad
¿Cómo se llega a una imagen? ¿Qué hay detrás de una imagen? ¿Qué es una imagen? ¿Qué provoca una imagen? ¿Qué imágenes hay? En estas preguntas están anunciados algunos problemas esenciales en relación a la imagen como parte del recorrido del signo. Es una etapa específica de este.
Acerca de mí: Psicólogo, psicoanalista, miembro de la Asociación Psicoanalítica de Guadalajara. ![]() ![]() (2026-10-21) ¿Cómo se llega a una imagen? ¿Cómo a partir de esos hechos que Peirce denomina brutos, reales, podemos llegar a ella? Hay una relación entre dos cosas, una cosa real y un sujeto que la percibe y ese choque contra esa cosa bruta genera una conciencia, una representación en un sujeto de ella, una transformación. Las sopas Campbell que estaban allí, en el supermercado de un lugar de Estados Unidos, fueron vistas por Andy Warhol y fueron transformadas por él en una imagen icónica que representó, entre otros signos similares, una ruptura de los setenta en diversos campos, desde la política, al arte, y unos jovencitos del lado oscuro, retratados por Lou Reed en su canción Walk on the wild side, que pasaron a ocupar el centro de la escena. Por eso, esa primera pregunta nos trae el problema de cómo esa imagen específica y su cualidad agrupan varios sentidos finitos que brilla por sobre los hechos exaltándolos y reuniéndolos. Cualquier imagen o presentación tiene un ground, un piso, una base en la que se vuelve transformable por algún Warhol que, como una especie de médium, puede transformar la esencialmente banal góndola de mercado, con esa lata desechable, en un signo de una época en donde las cultas experimentaciones del rock sinfónico, solo por nombrar algo, cambiaron su signo hacia la aparición de un movimiento venido de las sombras de Queens, de los alrededores de Manhattan, como The Ramones, Robert Mapplethorpe, y todo un arte pop, liviano, profanador, que cantaba I Wanna be Sedated. Unas sopas elevadas a un lugar artístico, a una Idea. En el ambiente había cambios, pero un hecho seleccionado (1) pudo aunar en una imagen, una abstracción o generalización, todo un movimiento existente. Y no solo eso, les dio concepto. Entonces, a una imagen se llega porque hay algo que se está transmitiendo, pero alguien debe entenderlo, captarlo. El signo se ve desde el efecto, pero un traductor debió captarlo. Antes del Signo/Imagen no hay manera de aprender del significado. Tiene que establecerse la imagen. Algo tiene una cualidad Algo está en relación a algún existente Algo es pasible de evolución en significado
Como vemos el Signo tiene una relación triádica. Un Signo debe entrar en relación con un objeto o representar a un objeto. La primera cualidad es una especie de naturaleza, una anatomía. Ahora, una pregunta un tanto filosófica: ¿ustedes creen que la cualidad/signo busca al interpretante o el interpretante inventa el signo? Peirce cree que el Signo, como una especie de entidad viviente, se relaciona con un objeto, produce un interpretante. Hay algo fuera del Signo, pero solo se dice en y por el Signo. Dicho de otra manera, alguien debe correlacionar el hecho simple del que emana una cualidad. Debe luego presentarlo, recortarlo del universo de posibilidades y transformarlo en un Icono. Establecer una convención. Las brutas latas de sopas Campbell allí, dormidas, inertes, se unieron a un consenso representacional. Un grupo de cazadores de sueños se unieron inesperadamente sembrando sus imágenes que hoy son estampas de remeras de chicos un tanto extraños, como The Ramones, que inclusive ya no representan mucho, porque otras cualidades tomaron su lugar. Lo que estamos diciendo es que una imagen vive y muere. Un Signo es una abstracción necesaria. Dice mucho con lo mínimo. Pero mientras vive el signo tiene una acción. El fetiche que engloba la acción dinámica del signo es una acción social que tiene consecuencias. Tomemos como ejemplo la bandera de Malvinas desplegada en el partido frente a Inglaterra en el último mundial. Esa imagen aún despliega consecuencias. Un Signo no es nada inocente. O vean esta imagen que además nos lleva a otro problema.
Muchos reconocerán esta icónica imagen. En la azotea de la sede del Parlamento alemán, un soldado del ejército rojo soviético iza la bandera comunista. Esta imagen marca la derrota de los nazis y el inminente desenlace de la Segunda Guerra Mundial. Fue captada por un fotógrafo a quien el signo encontró. Un interpretante que clavó algo que reconoceríamos para siempre como signo de un pasaje. No solo eso, como testigo de una acción. Porque en ese momento las juventudes hitlerianas avanzaban intentando recuperar el Reichstag que estaba ocupado por los rojos de Stalin. Era una batalla. La Alemania nazi ya perdida daba su último intento. Se dieron combates dentro del recinto. En medio de eso un soldado soviético subió a la azotea, descolgó la bandera alemana y colgó la de la Hoz y el martillo. El chiste es que se descubrió no hace mucho que esta imagen finalmente no fue tomada por un fotógrafo iluminado. Fue una foto de propaganda cuidadosamente armada y elegida por la gente de Stalin. Un incauto como yo se acaba de enterar en estos días de eso. He llegado a tener esa foto colgada junto a la de la película Manhattan de Woody Allen y otra de la primera formación de Spinetta Jade por un largo período en mi lugar de estudio. Y era una mentira. Vivimos engañados como chicos. Pero, ¿era una mentira? Si tuvo un efecto de verdad ¿no incluía, más allá de las maniobras propagandísticas, una sustancia verdadera? Podríamos decir que la creación de esa imagen respondió a un efecto de verdad y que su peso deriva de que el autor pudo captar la cualidad de verdad y la representó de esta manera. Lo que quiero señalar es que el signo tiene una base real, significante. Se establece sobre una verdad que supo captar o crear, o enunciar. Lo que nos importa es que la vida de la imagen/signo eleva a base una situación que sin ella no sería significada, o estaría como un objeto errante esperando su interpretación. La imagen de laboratorio se realizó sobre una sustancia genuina. Lo acotado de la imagen que permite capturar en una escena la situación nos ahorra y presenta una situación de allí en más semiótica. Luego vendrán las manipulaciones, interpretadores, subjetividades. Pero no es cierto que la situación no contenga una verdad. La posverdad niega que en el origen de la situación semiótica hay un consenso del símbolo. Todo es interpretable en tanto y en cuanto haya aparecido el fundamento originario. Antes es el caos de sentido. El primer momento establece ese fundamento. En un segundo aparece la representación, luego el modo subjetivo de interpretarla según las identidades. Por eso, volvemos a la pregunta: ¿el signo halla al sujeto o el sujeto al signo? Y la otra afirmación, ¡Hay Verdad!, la base del signo no es contingente, se origina en un hallazgo que Warhol y el aparato de propaganda comunista supieron Ver. Nos quedan por investigar dos aspectos más del signo. Uno de ellos es el del signo como función y como lugar. El otro es sobre el sujeto que se hace cargo del signo, el interpretante. ¿Quién es? ¿Cuáles son sus características para ser quien pueda unir esos elementos dispersos antes de que se establezca el signo? El signo como lugarEl signo es esencialmente un espacio, un lugar. Alrededor suyo se agrupa la vida, aunque sea la peor, pero siempre un signo origina un espacio desde donde decir, o donde transcurrir. Cualquier lugar o hecho puede clavar, si tiene las condiciones, su estaca en un signo y a partir de allí la vida se reproduce hasta que el signo se agota. Como dijimos más arriba el signo muere. Pero también decimos ahora que el signo es dador de vida y extiende frente a nosotros una posible dinámica. Miremos cualquier punto de la ciudad o hecho y veremos el amor que brinda el signo. Cuando se encuentra un signo, o el signo encuentra a alguien, alguien lo instituye y la vida es posible. Es un punto que se extiende y se vuelve una circunferencia que se habita, se habla de ella, se desarrolla la vida en ella, una zona de expresión que nos junta y nos saca de la inercia vital, nos lleva a representar y representarnos. Nos hace actores de algo. Somos parte de algo desde esa instauración. Vamos caminando por Corrientes o venimos de Puerto Madero y nos encontramos en la esquina de Madero y Corrientes o Bouchard y Corrientes, y vemos un edificio ,un tanto viejo ya, que dice Luna Park. Un signo muerto, que como a una gloria antigua, miramos y tal vez no diga nada, pero una vez se instituyó ese espacio en donde toda la cultura argentina se congregó en actos, nacimientos de amores, peleas inolvidables, sepelios que no se imaginarían. En donde Sui Generis dio su último show, en donde Perón conoció a Evita, en donde velaron a Yrigoyen, en donde todos los credos y partidos políticos se congregaban para sus actos multitudinarios, en donde cantó Frank Sinatra. En donde Palito Ortega tuvo una pérdida millonaria por eso. En donde el teatro Colón fue reemplazado por este espacio en donde los sectores más poderosos de la sociedad se vestían de gala, hombres y mujeres, y desde allí continuaban una larga noche oyendo a Piazzolla o cenas en lugares que ya no existen. Probablemente sus padres o abuelos hayan existido en ese espacio. En donde había un espacio llamado la leonera, ocupado por las clases populares, separado del Ringside (el espacio donde se sentaban los poderosos), en donde convivía una ciudad para ver el boxeo de Nicolino Locche o Carlos Monzón. Allí entrenaban en el día y el periodismo todo, el espectáculo, encontraron un lugar. Les dejo un link para que vean qué signo era el Luna Park. Hoy es un signo muerto, como tantos otros, pero que como dijimos antes, conocer algo es conocer su signo. Uno de los problemas al que nos enfrentamos en la actualidad es la ausencia de signos. Las personas y sociedades que pueden construir signos adecuados tienen direcciones adecuadas. Podríamos decir que Milei fue un buen interpretante de lo que sucedía en la política siendo alguien fuera de la política. El signo busca y halla a quien pueda captarlo. Si no las personas y las comunidades se desorientan. O se establecen signos tan vinculados al mito personal que ya no se hallan signos grupales o universales. Los grupos se sectorizan y se pierde su función comunitaria. Ahora les presento otro caso. El de alguien que impone un signo personal. No era líder de The Beatles ni The Rolling Stones, pero creó el Lollapalooza. Ha logrado aquel cantante de Jane’s Addiction que la gente ya no se pregunte quién viene al Lollapalooza. La fecha del evento es más importante que quien viene. Se transformó en un signo en donde circula, como en algún momento en el Luna Park, la vida que provee el signo, el amor del signo. Lollapalooza es un festival caro y quien viene , prácticamente desconocidos para mí, siempre venden sus tickets meses antes del evento. Espectacular captación del cantante de Jane’s Addiction. Observen, miren por la ciudad y el mundo y verán estos Signos, pregúntense por su origen y qué representan. Lollapalooza representa algo muy específico. En principio ha captado que el rock ya no es ninguna revolución. O Starbucks. Habrá entre los que escuchan amantes del café, ¡como yo! ¡Y sabemos que eso sí que no es buen café! Solo vamos a Starbucks por nuestros hijos o porque no queda otra! Porque el grupo en el que estamos quiere pasar por Starbucks! No hace falta hacer una lectura política de Starbucks, pero tenemos la respuesta en nuestras narices.
La Tabla de W. Bion Un psicoanalista de la escuela inglesa prestó atención tempranamente al problema del signo. Dedicó tres o cuatro libros a crear lo que se denomina una metapsicología (el estudio del funcionamiento de la mente). La base de su estudio estuvo centrada en las Transformaciones desde el caos al signo. No solo eso, ya que su interés central estaba orientado en ver cómo una persona/paciente transformaba los datos de lo que ocurría en una sesión de análisis, observó cómo transformaba los hechos una persona perturbada y otra que no lo fuera. De allí salió un extenso estudio que propuso una teoría de cómo evoluciona un signo en la sesión analítica y cómo no lo hace. La evolución simbólica depende para este autor de la posibilidad de crecer y madurar que tenga una persona frente al desarrollo del pensamiento. La posibilidad de evolucionar la verdad de un signo es la base del desarrollo. Propuso una Tabla que he estudiado arduamente a través de los años y que utilizo a diario para ver cómo crecen o no los signos, y cómo esto se evidencia en la maduración o no de una persona. Solo les estoy comentando generalidades en función de esta presentación, pero creo que podré exponerles brevemente los alcances de su idea genial. La Tabla evoluciona desde elementos sensoriales básicos, A (elementos beta) a los más sofisticados H (Cálculo Algebraico). En esa evolución de A a H , y ante cada signo, en este caso de la sesión psicoanalítica, el analista observa cómo el paciente crea o destruye signos. Solo quería presentárselas, les dejo en la bibliografía donde pueden remitirse para el estudio de esta Tabla y los problemas planteados en relación al signo.
Bibliografía Bion, W. R. (2000). Elementos de psicoanálisis. Hormé. (Obra original publicada en 1963) Magariños de Morentín, J. Á. (1983). El signo: Las fuentes teóricas de la semiología: Saussure, Peirce, Morris. Hachette. Marafioti, R. (2004). Charles S. Peirce: El éxtasis de los signos. Biblos. Redonda, M. (2023). Estudios I: Elementos de psicoanálisis de Wilfred Bion: El signo, el mito y la experiencia. Teseo. SOBRE EL LUNA PARK Cantenys, S. (Presentador). (2026, 9 de febrero). Secretos del Ringside: Cherquis Bialo y los duendes que habitan el Luna Park [Episodio de podcast]. En Periodismo en radio por Santiago Cantenys. Spotify. Link SOBRE LA BANDERA COMUNISTA EN EL REICHSTAG Bodhan, N. (2017, 29 de abril). La verdadera historia detrás de la icónica foto de la bandera soviética en el Reichstag. Infobae. share.google/JyP9OOtYKPL4xjNM6 |
|
Articulos relacionados